De la delgada línea entre el lenguaje informal y “otra cosa” en Social Media

En lo personal prefiero conversar de temas que llamen a la reflexión y el análisis que pretender decir cómo se deben hacer las cosas, en Social Media Marketing aún todo está en desarrollo, las estrategias son pruebas, nada garantiza el éxito de una campaña, nada asegura seguidores, ni fans, ni tráfico, ni views, ni clicks, por acto de magia, por eso suelo compartir impresiones con colegas dedicados al Community Management de acuerdo a prácticas que observamos, básicamente porque ninguno de nosotros tiene la palabra final: hay cosas que nos parecen positivas otras negativas, algunas funcionan para un caso pero no para otro, en fin, la idea es hacer una observación crítica constructiva y aprender de ello.

 La mayoría de los Community Managers coincidimos en que el lenguaje a utilizar en nuestros mensajes y contenidos debe alejarse de la jerga corporativa y es muy cierto que no debemos olvidar que en Twitter o Facebook estamos dentro del terreno personal de la gente y el verdadero engagement se logra cuando abandonas esa posición fría del mensaje corporativo, de “máquina”, de “manual” y te conviertes en una “persona” más dentro de la comunidad de alguien.

El caso es que recientemente una amiga me envió un ejemplo de “discurso” corporativo preocupante, una empresa de galletas mencionaba en uno de sus Tweets que se habían terminado las vacaciones y que volver a clases era un #Fail, un acostumbrado hashtag peyorativo. Enseguida me detuve a pensar en la delgada línea que separa la informalidad de la redacción en Social Media Marketing de la vulgaridad o los “anti-valores” innecesarios.

 Conozco a alguien de la empresa de servicios que lleva la cuenta de esa marca de galletas y le comenté mi impresión, en su opinión apoyaba la acción/redacción, dado que se trababa de una cuenta dirigida al target juvenil. En efecto eso se nota con tan sólo leer el Time Line de la cuenta y es perfectamente válido, pero otra cosa es que, como empresa, se cuestione el valor del regreso a clases o se le adjudique un “anti-valor” como el señalado. Me pregunto: ¿Es eso necesario para alcanzar el engage con tu target? Hay muchas formas de abordar el fin de las vacaciones o desde otra perspectiva: hay muchas formas de rescatar lo chévere de volver a clases: el reencuentro con los amigos, los cuentos de las vacaciones, etc. por no decir la bonita experiencia que siempre supone el aprendizaje.

Cuando como empresa o marca damos por supuesta la opinión o juicio de las personas de nuestro target, corremos el riesgo de incurrir en este tipo de cosas innecesariamente. Imagínense por un momento que una empresa de productos alimenticios dietéticos suponga que su target tiene en la anorexia un valor positivo: ¿Estaría bien que digan cosas a favor de esta patología para lograr engagement con su target?

A mi modo de ver en ese tipo de acciones se forzó la informalidad del discurso en una cuenta para encajarla dentro del target juvenil existiendo, de hecho, muchas alternativas para lograrlo o, dicho de otro modo, se confunde el lenguaje no corporativo con otra cosa. Incluso en un caso como el citado, se me ocurre que hubiese sido más sencillo consultar a la propia comunidad, a modo de: ¿Listo para el reencuentro con tus amigos? ¿Preparados para el nuevo reto de un nuevo año de clases?, etc.

Las opciones están allí.

En conclusión: existe una delgada línea que es innecesaria traspasar para lograr los objetivos de comunicación y depende de nosotros, los que definimos una estrategia comunicacional, no traspasarla arriesgando la imagen de la empresa para la que la laboramos.

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