Quiero 10.000 conejos… ¿Cuántos conejos quieres? Una fábula del Social Media

Recibes la llamada y en unos minutos te dicen imperativamente: quiero 2.000 seguidores, 1.000 fans, etc. Mi respuesta: Yo agregaría unos cuantos conejos, tengo un sombrero de mago aquí mismo.

 

Lo anterior puede sonar a chiste o ironía pero está ocurriendo, te llaman personas/clientes que desconocen totalmente cómo funciona la dinámica de los Social Media y quieren que de la nada y sobre todo por una tarifa lo más baja posible (pues Twitter y Facebook son “gratis”) les montes un perfil allí, les hagas un Blog, se lo llenes de artículos todos los días y por supuesto le hagas un viral (si, así, sustantivo, no adjetivo) refiriéndose, según traduces por la experiencia, a un video en YouTube que debería tener 1.000 vistas al finalizar el día y una cantidad similar de suscripciones al canal que les has montado en 2 horas y con ese único video.

 

El desconocimiento es, a mi parecer, uno de los mayores peligros del empleo como herramienta de mercadeo de los Social Media, incluso tanto como el que representan los que les dicen a esta gente: “si claro, yo te lo hago, eso es facilito”, etc. pues estos últimos terminan cayendo por su propio peso, pero los primeros, quieren tomar decisiones y plantearse objetivos basados en lo que “ven”, sin saber cómo se llega hasta ahí y después, cuando terminan decepcionados porque no “llegaron” entonces le echan la culpa al Social Media Marketing que, por supuesto: no sirve, según ellos claro está.

 

Los Community Manager o cómo quieran llamarnos, somos los que tenemos que enfrentarnos a la realidad y la realidad es que no somos magos y la razón es muy simple: el Social Media Marketing NO ES UN ACTO DE MAGIA. Ya bastante se ha escrito y dicho acerca de los mitos que lo rodean y por ende también rodea a quienes nos dedicamos con el mayor profesionalismo posible a ponerlo en practica. No sé si nos corresponda a nosotros o a los Social Media Managers, o a quienes sea en la escala de trabajo digital, pero hay que hablarle claro a los clientes, evitar las promesas y sobre todo darle su justo valor a nuestro trabajo, pues todo recorrido requiere un tiempo y un esfuerzo para alcanzarse, requiere de recursos humanos y materiales, requiere sentido, orientación, planificación, etc. requiere un antes, un mientras y un después y nada es tan “gratuito” como dicen las páginas al ingresar.

 

También hay cosas que están de nuestra parte: si somos los principales clientes de los cursos y talleres de formación, básicos o avanzados, deberíamos exigir que tengan el nivel que prometen y nos merecemos, empezar a evitar que nos vendan a “celebridades” con 100.000 seguidores como maestros del oficio, cuando apenas tienen noción del mundo que existe más allá de un Tweet y ni hablar de otras cosas, porque cada vez que nos hacemos la vista gorda con eso, es nuestro oficio profesional el que sufre las consecuencias y seguirá pasando hasta que los profesionales se nieguen a compartir ponencias con falsos profetas del éxito.

 

Creo que de cada quien depende su honestidad, captar un cliente ofreciéndole conejos de la suerte te funcionará por un tiempo, engañaras a unos cuantos, pero un poco después ya no tendrás trabajo en eso mismo que has ayudado a “matar” y lo peor es que ya eso no sólo te afectará a ti, sino a todos.

 

Diariamente comparto experiencias con colegas que incluso no conozco personalmente, muchos están en otros países, por ejemplo, escribo este artículo desde Venezuela para un magazine digital creado en España y eso enriquece profundamente lo que hacemos, la filosofía 2.0 tiene por principio compartir, lo bueno, lo malo, lo bonito, lo feo, y me gusta concebir mi oficio profesional bajo la premisa de eso como su mayor riqueza: sólo respetándonos a nosotros mismos y demostrándole respeto con sinceridad y honestidad a quien nos confía su marca, producto o servicio lo llevaremos adelante sin necesidad que nadie siga ofreciendo o pidiendo conejos sacados del sombrero.

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